La salida de Noruega fue inevitable a causa de mi cuerpecito tropical tabasqueño, empezaban a bajar las temperaturas y decidimos a venturarnos a otro país, Finlandia era una buena opción pero por asuntos del Covid-19 no tenía perminitido la entrada de visitantes, así que Suecia miramos a Suecia y estamos felices de que así haya sido.



Persistimos una noche más en Noruega para poder ver una Aurora Boreal, como sabíamos fue imposible. Al día siguiente sin problemas, sin oficiales en la frontera y sin darme cuenta ya estábamos en Suecia.
Por la mañana estaba muy nublado y hacía una temperatura de 5° ni Lope quería hacer su caminata mañanera, seguimos manejando y encontrábamos por la carretera a muchas personas empezando hacer caminata, yo los admiraba y al mismo tiempo sentí una especie de envidia por lo fuerte que son, sin importar las bajas temperaturas. Seguimos nuestro trayecto y estaba esperando a que mínimo saliera el sol para que pudiéramos hacer una caminata, así que llegamos al Parque Nacional de Abisko.




El Parque Nacional de Abisko está junto al lago Torneträsk uno de los mayores lagos del país y se sitúa en la pequeña aldea de Abisko.
Fue fundado en 1909 justo el mismo año que se promulgaron las primeras leyes para la conservación de la naturaleza en Suecia.
El propósito de este parque es la preservación de un área de características nórdicas en su condición original.


Ahora es un parque de atracción turística.


También es un lugar que apoya a la investigación científica.
Cuenta con una gran diversidad de aves y mamíferos, entre 170 especies de pájaros, Alces, Zorro ártico, Linces entre otros.



Se concidera de los mejores paisajes para contemplar las Auroras Boreales, ya que el cielo es muy despejado y poco iluminado.
A pesar que es un lugar muy turístico no cuenta con hoteles de 5 estrellas, hay dos hoteles a los cuales se puede acceder con teliférico el hotel de Hielo Kiruna y Abisko Mountain Station.

Que rico es caminar, a mi me gusta caminar por ciudades grandes, contemplar las diferentes arquitecturas, las iluminaciones, mirar a la personas, escuchar el Beat del día y la noche en la ciudad.
Esta caminata es una suerte, es algo que sin buscarlo lo encontramos, respiro y huelo a pasto, huelo lodo, huelo agua, escucho mis paso sobre el pasto seco, sobre las tablas, siento y huelo a frío de Septiembre de Suecia.

– No conozco ningún camino. Permanezco ( de pie sentado tumbado) en el desorden. SONJA AKESSON


